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POLÍTICA SOCIO-HABITACIONAL COMO RESPUESTA A PROBLEMAS SOCIALES CONCRETOS

Esta Experiencia depende de Rafaela, provincia de Santa Fe

Calle: Moreno 8
Localidad: Rafaela
Código Postal: 2300
Teléfono: 03492 427201 / 03492 50200
Fax: 03492 426611
E-mail: municipalidad@rafaela.gov.ar
Sitio Web: www.rafaela.gov.ar
Cantidad de Habitantes: 95450
Caracterización del Municipio en que tuvo lugar la Experiencia

La ciudad de Rafaela se ubica en las coordenadas 31º 15' de latitud sur y 61º 21' de longitud oeste del globo terráqueo, sobre la llanura pampeana, a una altitud de 100 metros sobre el nivel del mar. Es cabecera del departamento Castellanos, en la provincia de Santa Fe.

La ciudad está situada en el corazón de la Región Centro, conformada por las provincias de Santa fe, Córdoba y Entre Ríos, principal corredor productivo -comercial del MERCOSUR. La posición estratégica se consolida a partir de su localización en el cruce de dos vías importantes de comunicación terrestre: la ruta nacional Nº 34 y la ruta provincial Nº 70.

Según los últimos datos poblacionales, en la ciudad de Rafaela viven aproximadamente 90.000 personas y, teniendo en cuenta el Relevamiento Socioeconómico del Instituto de Capacitación y Estudios para el Desarrollo Local de la Municipalidad de Rafaela, el 48% de la población es menor a 30 años de edad, por lo que podemos decir que se trata de una ciudad joven donde a su vez, el 45,7% de la misma es económicamente activa y solo el 6,6% son desocupados, por lo cual  2.800 personas se encuentran en esta situación.

En relación al aspecto habitacional el 74% de las familias poseen vivienda propia, del resto: el 16% son inquilinas. Dentro de los no propietarios el 90% no accede a un inmueble por razones económicas y el 81% de los mismos manifiestan estar dispuestos a pertenecer a un plan de vivienda.

 



Objetivos Propuestos y metas del Proyecto

La hipótesis del trabajo se basó en que el conocimiento acerca de las estrategias de las organizaciones sociales para legitimarse y dar respuesta a las necesidades de la comunidad, son una fuente importante para nutrir la planificación e implementación de políticas sociales más eficaces, con mayor protagonismo de sus destinatarios y que permiten construir redes sociales adecuadas.

Esto significó optar por un cambio general de enfoque sobre la resolución de los problemas sociales: no entenderla como la producción de hechos físicos, en este caso viviendas, destinados a resolver los problemas mediante su transferencia o imposición a los sectores que los padecen, sino como apoyo, acompañamiento y fortalecimiento de procesos de crecimiento social gestado y movilizado por esos sectores para superar sus problemas, como ellos los viven y sienten. Los objetivos fueron:

“permitir el acceso a la vivienda y el mejoramiento de las condiciones del hábitat a familias vulnerables que no cumplían con los criterios de elegibilidad de otros planes”.

“recuperar la cultura del trabajo facilitando la capacitación en oficios, en administración de recursos materiales, financieros y humanos y en modelos asociativos de trabajo”.

“validar el derecho a la Ciudad definido como el usufructo equitativo de las ciudades dentro de los principios de sustentabilidad, democracia, equidad y justicia social, como un derecho colectivo de los habitantes de las ciudades, en especial de los grupos vulnerables y desfavorecidos, que les confiere legitimidad de acción y de organización, basado en usos y costumbres, con el objetivo de alcanzar el pleno ejercicio del derecho a la libre autodeterminación y un nivel de vida adecuado”

En este contexto, los objetivos implícitos se gestaron en función de respetar las estructuras sociales existentes en cada comunidad y en el entorno construido, con el fin de inducir a procesos paulatinos de cambio hacia un hábitat adecuado, con componentes de capacitación y autoorganización. Potenciar a las familias como unidad de la sociedad y recurso humano de transformación y desarrollo social fue una prioridad en toda la iniciativa, al igual que considerar a la mujer como motor principal del funcionamiento de la misma.

Este programa se caracterizó por la progresividad o escalonamiento de la solución de las necesidades habitacionales, con el protagonismo de los beneficiarios en todo el proceso de resolución de su problema.

Como política del Municipio se determinó la opción por la noción de solución de vivienda como servicio de apoyo social por sobre la noción de solución de vivienda como obra pública. Además se ha adoptado la premisa de acompañar a las familias en todo el proceso, desde la construcción de la vivienda, la ocupación de la misma y la integración al nuevo lugar de vida.



Marco normativo de la Experiencia

La gestión Municipal, teniendo en cuenta la problemática habitacional existente en la ciudad, decidió sumarse al Proyecto de Viviendas Cáritas Nacional. Cabe mencionar que esta experiencia fue superadora para ambos, puesto que fue el primer acuerdo que se firma entre Cáritas y una institución que no pertenece al orden religioso.

Mediante la relación con el Obispo de nuestra diócesis, fue posible el contacto con Cáritas Nacional y el conocimiento del Programa en sí. A partir de ese nexo, Caritas Nacional depositó la responsabilidad y confianza en el Instituto Municipal de la Vivienda (IMV) de la Municipalidad de Rafaela, dado que en su ordenanza de creación plantea su claro espíritu de mejorar la situación habitacional de la ciudad, principalmente de los sectores de bajos recursos y las erradicaciones de villas de emergencias.

Esta iniciativa esta sellada mediante Acta Acuerdo firmada entre Cáritas Argentina Comisión Nacional y el Instituto Municipal de la Vivienda, de conformidad con el Convenio Marco “Programa de Viviendas Caritas” firmado con el Ministerio de Planificación, Inversión Pública y Servicios y el Convenio Particular firmado con la Subsecretaria de Desarrollo Urbano y Vivienda en el marco de dicho convenio. De dicho acuerdo surgen los recursos financieros que posibilitaron esta iniciativa.

El IMV cuenta con los recursos técnicos necesarios y una vasta experiencia en la ejecución de planes sociales. La administración de los recursos estuvo a cargo del Instituto Municipal de la Vivienda y la coparticipación de las familias fue en el buen uso de los mismos en la construcción de las viviendas.

Modificación de la Ordenanza nro. 3865 de Creación del Estatuto del Instituto Municipal de la Vivienda, otorgándole nuevas facultades como el caso de promover a través de distintos mecanismos la erradicación de villas de emergencia y asentamiento marginales.

Convenio Marco “Programa de Viviendas Cáritas” entre el Ministerio de Planificación, Inversión Pública y Servicios y Cáritas Argentina – Comisión Nacional.

Acta de Acuerdo entre Cáritas Argentina – Comisión y el Instituto Municipal de la Vivienda.

Ordenanza Nro. 3958, que autoriza a la Municipalidad de Rafaela a realizar las obras de infraestructura y servicios en el sector donde se emplazaron las viviendas.



Características generales de la iniciativa

El Programa de Viviendas contó con la participación de 103 familias asentadas en condiciones irregulares, las mismas fueron seleccionadas conforme a los criterios diseñados por el Equipo Técnico, siendo una condición ecuánime haber constatado su situación en el relevamiento realizado en el año 2005.

El trabajo social con las familias tuvo dos momentos importantes: la realización de diagnósticos participativos y la asimilación del traslado, cambio de ubicación geográfica, escuela, centro de salud, red social y comercial construida durante muchos años, lugares recreativos y de esparcimiento. A partir de esto se consensuaron criterios de trabajo, convenios de erradicación, acuerdos sobre lo constructivo, planificación de actividades, talleres y encuentros.

En cuanto a la participación de las familias: saltar de la protesta a la propuesta fue una tarea importante. El eje conductor de los talleres se basó en:

La Soledad del ser, el trabajo comenzó desde allí con el objetivo de lograr paulatinamente que cada familia descubra que su problema, no se encuentra aislado de la realidad del resto. Sus pares, vecinos quizás de toda una vida, viven y sienten de manera similar. Socializar la experiencia ayuda a objetivar las situaciones y lograr una solución generalizada al grupo;

Sociedad, entendida como una entidad poblacional, que considera los habitantes y su entorno, interrelacionado con un proyecto común, que les da una identidad de pertenencia; significando un grupo con lazos económicos, ideológicos y políticos;

Solidaridad,  El empeño por la solidaridad social adquiere valor y fuerza en una actitud de solidaridad personal. La comprensión de que una sociedad sana solo es posible desde el cumplimiento del principio básico de la solidaridad, conformaría la base sólida necesaria para lograr el desarrollo social de este grupo en particular. 

Se realizó además un continuo y cercano seguimiento familiar e individual, sobretodo a aquellas que requerían mayor atención. Se logró un aprendizaje mutuo y un vínculo cercano no solo desde lo profesional sino desde lo afectivo. Se profundizó con las mujeres para fortalecerlas en su rol fundamental de organizar, y llevar adelante la familia, apoyando a los varones que se encargan fuertemente de la obra.

En cuanto al trabajo familiar, la dirección tomada fue hacia el reconocimiento de las potencialidades individuales, familiares, grupales y comunitarias. Concretamente el objetivo perseguido fue el de descubrir como primer medida los modos de relacionarse en los pequeños grupos, los vínculos familiares, los códigos de comunicación, los hábitos de convivencia. Esto nos permitió explicitar el tejido social de manera de fortalecer aquellos lugares más débiles o frágiles, apoyar e incentivar a los líderes naturales del grupo de manera de lograr autonomía.

La intencionalidad de éste proceso fue acompañar la formación de referentes barriales, de manera que, en su nueva forma de vida, el grupo se sienta conducido por sus propios pares. Esta fue una manera clara de incentivar la autogestión y cambiar el modelo cultural del asistencialismo.



Etapas de implementación y grado de avance

Considerando que la propuesta del programa es que la crisis habitacional que padecen estos sectores sociales no es un problema coyuntural ni que se resuelve sólo con la construcción de viviendas, todas las acciones realizadas tienden a la promoción humana y al desarrollo de las capacidades autogestionarias de cada grupo participante, fomentando la resolución de los propios problemas individuales y/o grupales. Asimismo se constituyen en multiplicadores de la experiencia frente a otros grupos de similar situación socio-económica y habitacional.

Para ello, los mecanismos de seguimiento incluyen dos enfoques evaluativos que se complementan: uno, desde lo cualitativo aspirando a reconocer los procesos educativos, que refieren a campos de información de esa naturaleza; y otro, cuantitativo que pretende describir los productos (viviendas) del Programa.

En este último sentido, la evaluación no se plantea la construcción de índices complejos de tratamiento cuantitativo, en que se ponderan y combinan mediciones de variables e indicadores muy diversos. Al implicar inevitablemente en su construcción opciones valorativas (nunca objetivas), éstas requieren consensos intersubjetivos previos entre los evaluadores y los integrantes del Programa para que aquellos índices sean efectivamente aceptables y útiles.

Por tal motivo la evaluación cualitativa es permanente y es realizada por un Equipo de Trabajadoras Sociales que continúan trabajando en el sector.

En cuanto a la evaluación cuantitativa: se realiza de manera quincenal por el Director de Obra acompañado por el capacitador correspondiente a cada grupo de viviendas

 

 



Recursos humanos involucrados

Considerando que la propuesta del programa es que la crisis habitacional que padecen estos sectores sociales no es un problema coyuntural ni que se resuelve sólo con la construcción de viviendas, todas las acciones realizadas tienden a la promoción humana y al desarrollo de las capacidades autogestionarias de cada grupo participante, fomentando la resolución de los propios problemas individuales y/o grupales. Asimismo se constituyen en multiplicadores de la experiencia frente a otros grupos de similar situación socio-económica y habitacional.

Para ello, los mecanismos de seguimiento incluye dos enfoques evaluativos que se complementan: uno, desde lo cualitativo aspirando a reconocer los procesos educativos, que refieren a campos de información de esa naturaleza; y otro, cuantitativo que pretende describir los productos (viviendas) del Programa.

En este último sentido, la evaluación no se plantea la construcción de índices complejos de tratamiento cuantitativo, en que se ponderan y combinan mediciones de variables e indicadores muy diversos. Al implicar inevitablemente en su construcción opciones valorativas (nunca objetivas), éstas requieren consensos intersubjetivos previos entre los evaluadores y los integrantes del Programa para que aquellos índices sean efectivamente aceptables y útiles.

Por tal motivo la evaluación cualitativa es permanente y es realizada por un Equipo de Trabajadoras Sociales que continúan trabajando en el sector.

En cuanto a la evaluación cuantitativa: se realiza de manera quincenal por el Director de Obra acompañado por el capacitador correspondiente a cada grupo de viviendas.

En cuanto al trabajo familiar, el tejido social se ha podido explicitar, se fortalecieron aquellos lugares más débiles y/o frágiles, se establecieron códigos de comunicación entre vecinos más saludables, al igual que en las relaciones de los pequeños grupos.

El reconocimiento de los líderes naturales del grupo aún sigue en proceso, puesto que este rol debe ser legitimado por todos los vecinos – no según el lugar de procedencia- sino como nueva comunidad. En cuanto la formación de referentes barriales, como estímulo positivo de autogestión y cambio de paradigma, un grupo de Trabajadoras Sociales sigue trabajando en el sector para llevar adelante este objetivo.

En cuanto al avance cuantitativo, nos encontramos en un 99% de obra, considerando: viviendas e infraestructura.

 

 

 



Financiamiento


Evaluación del impacto de la Experiencia

Aplicación de un programa nacional a una realidad local, compartiendo la mirada con una Institución Internacional religiosa que tiene como esperanza restaurar el tejido social sobre la base de la creación de espacios solidarios, cada vez más amplios y fraternos.

Suma de valor agregado al programa con recursos locales.

Relocalización no forzada, sino por libre elección de 103 familias, que pasaron de un hábitat deficitario a un hábitat que mejoró notablemente su calidad de vida.

Incorporación de hábitos saludables, organizativos y reflexivos en la comunidad que propician la cultura solidaria.

Promoción integral de las personas: revalorización  de la dignidad, la participación y el protagonismo de su propio desarrollo personal, familiar y comunitario.

Nueva mirada sobre la política de vivienda basada en el fortalecimiento de la familia como eje propulsor de su propio cambio y superación.

A través de este Programa de autoconstrucción asistida y capacitación en obras las familias asumieron la responsabilidad de un proyecto familiar y comunitario.

Desarrollo de las capacidades de las personas para la inclusión en la economía local mediante: la formación en oficios, la enseñanza en organización, administración de recursos, cooperación y trabajo en equipo.

Creación de un Fondo Solidario para el financiamiento de microemprendimientos.

Trabajo operativo por parte de los profesionales y capacitadores, del Equipo Técnico, desarrollando una mirada superadora de cada área, aprendiendo unos de otros a trabajar en equipo para asistir, conducir, organizar y apoyar el proceso.



Mecanismos de seguimiento y evaluación implementados

Considerando que la propuesta del programa es que la crisis habitacional que padecen estos sectores sociales no es un problema coyuntural ni que se resuelve sólo con la construcción de viviendas, todas las acciones realizadas tienden a la promoción humana y al desarrollo de las capacidades autogestionarias de cada grupo participante, fomentando la resolución de los propios problemas individuales y/o grupales. Asimismo se constituyen en multiplicadores de la experiencia frente a otros grupos de similar situación socio-económica y habitacional.

Para ello, los mecanismos de seguimiento incluyen dos enfoques evaluativos que se complementan: uno, desde lo cualitativo aspirando a reconocer los procesos educativos, que refieren a campos de información de esa naturaleza; y otro, cuantitativo que pretende describir los productos (viviendas) del Programa.

En este último sentido, la evaluación no se plantea la construcción de índices complejos de tratamiento cuantitativo, en que se ponderan y combinan mediciones de variables e indicadores muy diversos. Al implicar inevitablemente en su construcción opciones valorativas (nunca objetivas), éstas requieren consensos intersubjetivos previos entre los evaluadores y los integrantes del Programa para que aquellos índices sean efectivamente aceptables y útiles.

Por tal motivo la evaluación cualitativa es permanente y es realizada por un Equipo de Trabajadoras Sociales que continúan trabajando en el sector.

En cuanto a la evaluación cuantitativa: se realiza de manera quincenal por el Director de Obra acompañado por el capacitador correspondiente a cada grupo de viviendas

 

 



¿Qué aprendizaje institucional significó el desarrollo de la experiencia?. ¿Este aprendizaje, ha dado lugar a iniciativas específicas?

La principal lección aprendidas con esta experiencia es que, es posible mediante una herramienta específica, como fue la vivienda, trabajar todos los aspectos que afectan la vida de un grupo de personas, en este caso personas vulnerables y marginadas socialmente. Haciendo eje en la herramienta, la construcción de la vivienda, se trabajaron aspectos de inclusión, de responsabilidad, de valoración del trabajo, de igualdad de oportunidades (equidad y género), de organización y participación, y ciudadanía.

Esto marca una forma distinta de hacer política desde el Estado. Y en el caso concreto del IMV se ha comenzado a trabajar en otros programas de erradicación de villas y de vivienda social con esta metodología.

Otra lección aprendida es que la toma de decisiones en los procesos sociales debe ser de manera horizontal: funcionarios, técnicos y  familias. Esto no sólo facilita la ejecución de un Programa sino que todos los actores se involucran de manera más efectiva y eficiente, logrando así el fin último del Proyecto: “ la promoción humana”.

También se aprendió que es posible desde el Estado aunar criterios con una entidad de ayuda y cooperación internacional de carácter religioso. Esto es una enseñanza tanto para el Municipio Local como para Cáritas, ya que fue su primer experiencia en trabajar con un ente no religioso. Como así también que el trabajo en equipos interdisciplinarios, posibilita el aprendizaje de unos profesionales con otros y de la interacción con el medio, sobre todo cuando los profesionales están afectados en forma permanente y exclusiva, no sólo con el compromiso voluntario sino con la predisposición Municipal.

 



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